jueves, 20 de julio de 2017

NEGOCIOS RAROS (2) NO BEBAS SOLO S.A.

El director descolgó el teléfono.
-¿Diga? Sí, ¿Calle Cordelia? Recibido, ahora mando a alguien del turno de guardia.
Colgó.
-Como puedes ver, Miquel, no nos faltan clientes. Tengo que hablar con el personal, acompáñame si quieres.
 No bebas solo S.A. tenía las oficinas en una antigua vivienda adaptada chapuceramente. Salimos del despacho del director y llegamos a una habitación donde, bajo una bombilla amarillenta unos hombres pálidos aguardaban o dormían sobre unos sillones.
-¿A quién le toca? –preguntó el director. Un hombre se levantó-. Calle Cordelia, 3. Entresuelo. ¿Entendido?
-Voy para allá –murmuró el hombre dirigiéndose hacia la puerta.
-¿Cómo surgió la idea de fundar No bebas solo S.A.?
-Mira, Miquel. Mucha gente necesita compañía para beber. Cuando a uno le apetece echarse un trago y no tiene con quién es un momento trágico para los bebedores solitarios. Ahora no tienen más que llamar al teléfono y les enviamos alguien de nuestro servicio de urgencias. Hombres serviciales, amistosos y dispuestos a compartir una botella. Nuestros clientes pagan una módica cuota que cubre teléfono, alquiler… Ah, y nos subvencionan algunas marcas de licores. Ya se sabe que en compañía se bebe mejor, y en cantidades mayores.
Se oyó un portazo en la entrada y una voz tamizada por el alcohol cantando Lo niego todo, de Sabina.
Cuando el empleado entró tambaleándose el director le arrojó un cubo de agua a la cara con gesto ágil.
-El informe, por favor.
-De la Avenida Rey Lear, 56 –informó el recién llegado-. Ginebra con Coca Cola. Lo ha abandonado su mujer. Dice que la vida es bella pero la gente mala.
 -¿Ves? ¡Otra persona salvada de la triste embriaguez solitaria! –me dijo el director.
-Antes me comentó que tenía personal especializado.
-Pues claro. Entre nuestros clientes hay escritores, catedráticos, especialistas en cultura etrusca o literatura francesa del siglo XIX… no puedo enviar a cualquiera. Tenemos en contacto a especialistas que pueden hablar sobre muchos temas.
Sonó el teléfono. El director se precipitó hacia el aparato.
-No bebas solo S.A. ¿En qué podemos ayudarle?
De repente el director parecía nervioso. Pulsó el botón de llamada en espera y me dijo a media voz:
-Llama un cliente de la Plaza Goneril. Quiere una persona capaz de hablar del cine de la Hammer entre los años 60-70. ¿De dónde saco a alguien así?
-¿Qué tiene para beber? –pregunté.
-Un momento –el director dijo al teléfono-: ¿De qué licor dispone, por favor?
El director escuchó la respuesta y me dijo:
-Bourbon añejo Templeton Rye.
-Pues ya voy yo –le propuse.
-¡Fantástico!
FIN
MI CÓCTEL FAVORITO: NEGRONI
Preparar en vaso mediano: hielo, 1/2 vermut rojo, 1/2 ginebra.
Se suele adornar con media rodaja de naranja.
Hay otra versión. Sbagliato, con cava o vino blanco espumoso en lugar de ginebra.
OTRA VEZ LOS SIMIOS
Ya se ha estrenado La guerra del Planeta de los Simios, un remake muy libre de Batalla por el Planeta de los Simios (1973) En esta película participó como extra John Landis, por entonces un joven estudiante de la escuela de cinematografía. Era uno de los simios, y allí fue donde se hizo gran amigo del maquillador Rick Baker.
 Poco después Baker aceptó encantado participar en la primera película escrita, protagonizada y dirigida por Landis: Schlok. El monstruo de las bananas (1974) en la que, curiosamente, Landis volvía a interpretar a un simio. Aquí están los dos durante una sesión de maquillaje.
Landis y Baker formaban un buen equipo, y su momento cumbre llegaría con la película de culto Un hombre lobo americano en Londres (1981) Por su trabajo, Baker conseguiría el primer Premio Oscar de la historia al mejor maquillaje. Lo cierto es que la transformación en licántropo del protagonista David Naughton todavía hoy resulta impresionante, y en tiempos anteriores a los efectos digitales.


  

sábado, 8 de julio de 2017

EL TURISTA TEMPORAL (Relato)

Me ha sucedido algo extraño y me gustaría contarlo, ayer comí macarrones con Albert Einstein. 
Estoy en un congreso de trabajo, venta de abrasivos en grano al por mayor. Me alojo en un hotel con todos mis colegas y nos reunimos para comer en un amplio salón. Nuestro estilo es más de bromas y guerras de servilletas que de algo serio, pese a nuestras recias voces de vendedores. Ayer bajé a comer solo, pues mi mujer no podía dejar su tienda de bisutería hasta mañana cuando llega la nueva dependienta. En el comedor se sentó frente a mí un hombre de largos cabellos blancos y aire familiar.
 -¡Eh, usted es Albert Einstein! –le dije mirándole sorprendido.
-Ssssh… sea discreto –hizo una pausa y agregó- : estoy de viaje experimental por el tiempo.
-¡Fascinante! –afirmé con un humilde gruñido-.Entonces era cierta su teoría sobre los agujeros de lombriz.
-Natürlich, mein Freund –Su acento alemán sonaba áspero, con tono de matraca. Nos sirvieron el primer plato, macarrones a la carbonara que Einstein atacó con avidez. Eso de ser viajero en el tiempo debe dar apetito-. Los agujeros de lombriz o de gusano son atajos a través del espacio-tiempo –prosiguió Einstein-, lo que pasa es que nadie se atrevía a meterse en ellos hasta que yo le eché huevos… con perdón de la expresión.
Acentuando la sensación de viaje temporal,  los alumnos de una cercana escuela de swing  invadieron la plaza frente al hotel. Bailaron un boogie-woogie de las Hermanas Andrews y  yo me sentía como en el Times Square de 1945 celebrando la victoria.
-¿Y le gusta viajar en el tiempo, profesor?
-Bueno… todo es relativo, como suelo decir –Einstein abrió un lenguado como un libro manejando diestramente la paleta de pescado-. Un turista temporal tiene dos espacios temporales simultáneos: uno donde aparece un turista del tiempo y otro donde no aparece. Ja, es complicado…
-¿Podría avanzarme algo sobre el futuro, profesor? –agregué impaciente.
-No sería prudente –repuso Einstein chupando las espinas del pescado-. Demasiada información podría alterar acontecimientos posteriores.
-Venga, algo sencillo –insistí-. Por ejemplo… ¿qué nos servirán mañana en el menú?
-Paella –dijo solemnemente el profesor. Terminó el flan de dos bocados y apuró el café.
- Un placer conocerle. Ach so! –dijo consultando el reloj- .Tengo el tiempo justo de tomar el agujero de lombriz para el futuro de las 14.30 – y se fue a toda prisa eclipsándose entre los bailarines que llenaban la plaza.
 Hoy ha llegado en su coche Viperia, mi mujer. Hace su entrada triunfal en el hall del hotel con sus pantalones negros excesivamente ceñidos, enorme pamela azul, zapatos transparentes de plástico y su maletín de nylon Le Sac; su conjunto de viaje. No puedo esperar un segundo más:
-Ayer comí macarrones con Albert Eistein.
Levanta mucho la nariz como diciendo: “¿Estás borracho o qué?” y suelta su típica y ensordecedora carcajada. Nunca me cree cuando me sucede algo fuera de lo común. ”Si es que eres un pardillo” –me dice- “Oyes que los elefantes vuelan y miras hacia arriba”.
Viperia aún se está  enjuagando las lágrimas de la risa cuando entramos en el comedor.  Hay más ajetreo de lo habitual. Por las ventanas redondas de la puerta de la cocina se percibe el humo y la tensión, y no paran de salir camareros sofocados llevando enormes recipientes con asas. Se me ilumina el rostro al ver el cartel:
-Mira, Viperia: ¡Hoy, paella! Ayer me lo predijo Einstein. ¡Me dijo que servirían paella!
Viperia parece titubear un momento y luego estalla en carcajadas. ¡Cómo ríe! Sus pendientes Tous de  cuarzo rosa empiezan a oxidarse de tanto que abre la boca.
-¡Ja, ja, ja!!!  ¡Pues claro! Hoy es jueves ¡Y LOS JUEVES SIEMPRE SE SIRVE PAELLA, SO MEMO!!! Mira que llegas a ser primaveras…
Las risas de Viperia aumentan  una octava y parecen relinchos sincopados. Dos camareros,  al volverse a mirarla, chocan entre sí dejando caer una paella con un estruendo infernal.  Un informe amasijo de arroz, gambas y calamares queda en el suelo.
 Y dado que el peso específico de las carcajadas jocosas es menor que el aire, Viperia se eleva y se aleja volando, como un personaje de la película Mary Poppins. Pido una cerveza a un camarero.
-Ríe… ríe todo lo que quieras, Vipe. ¡Ayer comí macarrones con Einstein! No conseguirás aguarme mi momento de gloria.

FIN
LOS JUEVES, PAELLA.
Eso es cierto, en la mayoría de restaurantes españoles incluyen la paella en el menú de los jueves ¿Y porqué ese día? La teoría que se suele considerar más fiable es que el servicio solía librar los jueves, la criada dejaba preparada la noche anterior el sofrito -¡Nunca con cebolla, sacrilegio!- para que la señora de la casa no tuviera más que echar el arroz y el agua y en 20 minutos ya estaba la paella lista para comer.
Y mira por donde, me ha caído una portada que no me esperaba. Tiburón, el libro de aquel lejano verano del 75.
"-Todos ustedes me conocen. Saben cómo me gano la vida. Atraparé a este bicho, pero no va a ser fácil. Es un pez malo. No es como ir al lago a pescar bacalaos y abadejos. Este tiburón los tragaría enteros. Los sacudiría un poco, los mordería un poco y se los tragaría. Hay que matarlo rápido para que regresen los turistas. Eso les dará ganancias a todos sus negocios. Pero no va a ser fácil. Mi vida vale mucho más." (Quint. Robert Shaw, en la película de Spielberg)