domingo, 21 de enero de 2018

¿YA TIENEN SU DISFRAZ DE GORILA?

Señoras y señores. Monstruos y monstruas. El 31 de enero es el Día mundial del traje de gorila. Su origen está en el homenaje que unos lectores de la revista MAD dedicaron al dibujante Don Martin y a sus delirantes tiras con personajes enfundados en disfraces simiescos. Evento friki donde los haya y buen momento para recordar los apuros de los Hermanos Marx para conseguir un disfraz de gorila para Una tarde en el circo:
 “Las complicaciones fueron innumerables –cuenta Groucho en su libro Memorias de un amante sarnoso-. El actor que contratamos para interpretar al gorila tenía un agente, pero no una piel de gorila. Descubrimos que el pellejo de gorila tenía otro agente. El día en que debía rodarse la escena ambos agentes estaban en el escenario. Era un día excepcionalmente caluroso sin contar los potentes focos que iluminaban el estudio. El actor terminó por desmayarse dentro de su peludo disfraz y se negó a volver a meterse dentro de aquella piel (En la foto de la izquierda en el momento de presentar su renuncia). 
 Hollywood no disponía de otra piel de gorila. En San Diego localizamos un actor propietario de una piel de orangután pero como todo el mundo sabe un orangután es más pequeño que un gorila así que tuvimos que contratar a un hombre más pequeño especializado en papeles de orangután.
Algunos críticos quisquillosos se quejaron de que en algunas escenas el gorila parecía mayor que otras y que esto mermaba la verosimilitud de la trama amorosa.”
Y ahora, uno de los disfraces de gorila más famosos del cine:
Es curioso que en el cine clásico los gorilas suelen aparecer como desenfrenados primates libidinosos cuando en realidad su sexualidad es bastante primaria.
Muy lejos de los Bononos, parientes de los chimpancés que usan las relaciones sexuales incluso a modo de saludo (Hola, qué tal –traka, traka- Pues ya ves –traka, traka- …) Curiosos, esos Bononos.
EL PRIMER CHISTE QUE ME CONTARON ESTE AÑO. Aviso: me gustan muy malos.
Y MI PRIMER ENCARGO DEL AÑO. Una tarjeta para un restaurante de Kaitensushi, un bufet japonés donde los platos salen por una cinta transportadora.
Y una performance de terror en mi casa dedicada a The Ring. Mi frikismo no conoce fronteras... yo soy el de la camiseta negra.
En fin, feliz Dia del Disfraz de gorila a todos!!!


lunes, 8 de enero de 2018

SURREALISMO EN EL RESTAURANTE CHINO

Relato escrito a cuatro manos con Melmoth el Errabundo
 Daniel y Dana son una pareja de surrealistas. Siempre hablan de David Lynch y de Jandek. Entre semana suelen cenar fuera –lo que ya es bastante surrealista- y hoy Daniel la lleva a un local interesante.
-Es uno de los restaurantes chinos de los que ya no quedan –le susurra Daniel.
 Los farolillos que cuelgan en la fachada se mueven ligeramente con la brisa llena de monóxido de carbono. Hay una enorme pecera vacía. Se puede ver el típico barco hundido cubierto de polvo junto a un buzo verniano, y algunos cadáveres de peces de los años ochenta. Según dicen por el barrio la pareja que lleva este restaurante duermen en la cocina desde hace treinta años.
Una pareja madura son los únicos clientes y la mujer los mira con un terror inexplicable cuando los surrealistas se sientan en la mesa de enfrente.   El cocinero saca la cabeza de vez en cuando por la pequeña ventana que une la cocina con el comedor. Tiene unos dientes enormes y es idéntico al Mr. Yunioshi interpretado por Mickey Rooney en Desayuno con diamantes.  Les entrega la carta y desaparece del comedor dando saltitos.
 “El restaurante parece un decorado”, piensa Daniel. Muy surrealista. Se oyen ahogados  sonidos extraños, como dos fantasmas conversando por un teléfono con interferencias.
El surrealista y su novia siempre piden el mismo plato. Hoy, costillas lacadas. La pareja madura piden pez Fugu, un pescado que puede ser mortalmente venenoso si no se corta adecuadamente. El cocinero regresa de la cocina y les sirve el pescado mientras en un brazo sostiene un gato.
-Me temo que mis manos no son tan precisas como antes a causa de la artritis –les informa el cocinero-. Pero por si acaso aquí tienen a un gato que les servirá de catador -. Corta una porción de pescado y le dice al minino: -¡Come, Borgia!
 El gato devora la pieza de pescado y lame satisfecho sus bigotes. El cocinero sirve las costillas a los surrealistas y sus piernas, libres de peso, corretean por el comedor como un juguete teledirigido tropezando con las mesas. La pareja madura consideran que ha pasado un tiempo prudente y saborean el pez Fugu. Poco después el gato empieza a toser entre convulsiones y se queda tumbado en el suelo inmóvil, haciendo ruidos raros de animal moribundo.
Al hombre le da un soponcio y se derrumba sobre el mantel. La mujer sale corriendo y se golpea la cabeza contra el marco de la puerta que comunica con la cocina yaciendo tirada e inconsciente en el suelo. El gato se levanta y se ríe a carcajadas que suenan como tijeras rasgando linóleo.
-¿Has visto, Dana? ¡Un gato bromista! –dice un eufórico Daniel- ¡Es lo más surrealista que he visto nunca!!!
-Sí… estoy algo cansada -murmura Dana que está más acostumbrada a situaciones extravagantes-. ¿Pedimos la cuenta, Dani?
 El cocinero reaparece saltando sobre el cuerpo inerte de la señora madura. Hace una reverencia a la pareja surrealista revelando el torbellino que se forma en su coronilla.
-Nos vamos a dormir –dice el cocinero suavemente señalando la puerta de la cocina-. Si quieren acompañarnos, la señora Wang ha preparado las camas.
“¡Nos invitan a dormir con ellos!”, se asombra Daniel. Había planeado llevar a Dana a su piso, tomar una copa de absenta y tener relaciones sexuales con el sonido industrial de Jandek como fondo. Pero este sería un excelente colofón para una cena surrealista.
En la cocina les esperan cuatro camastros y la señora Wang que habla con acento más marcado que su marido. Entrega a Daniel un palo con un gancho en el extremo de los que se usan para alcanzar objetos en estantes altos.
-Pala las latas –dice la señora, pero Daniel mira en derredor y no ve ninguna lata.
-Latas glandes como conejos –aclara la señora Wang-. A veces, colen por la cocina.
La pareja surrealista y el matrimonio chino se desean buenas noches y apagan la luz. Al poco rato todos duermen, excepto Daniel, aún extasiado por la experiencia.
FIN
¿Y QUIÉN ES JANDEK? PUES EL CANTANTE MÁS MISTERIOSO DEL MUNDO
Se hace llamar Jandek. Lleva unos 59 discos grabados desde 1978 que no se venden en las tiendas, para adquirirlos hay que pedirlos por medio de un apartado de correos de Houston, Texas, a la fantasmal discográfica Corwood Ind. Casi todos los elepés llevan una cubierta ilustrada con una –supuesta- foto del músico, granulada y con aspecto de los años 70. Solo ha concedido dos entrevistas por teléfono y en el 2003 le dedicaron un documental en el que no aparece. Su música es difícil: guitarra acústica y eléctrica con toques de blues y folk.
MI REGALO DE REYES: COLECCIÓN EDGAR WALLACE
 Un pack con la serie alemana de los años 60 sobre las obras de misterio de E. Wallace. 
Todas protagonizadas por el mismo actor, Joachim Fuchsberger que aquí vemos con Klaus Kinski en mi favorita: Los ojos muertos de Londres. También recomiendo El misterio de los narcisos amarillos con el gran Christopher Lee. 
Fuschsberger tuvo un final que parece sacado de una trama de Wallace. Durante un show televisivo en 1980 fue mordido por un chimpance. Las hehidas le causaron una rápida expansión de virus falleciendo poco después en la sala de aislamiento de un hospital.
Y LA RECETA: COSTILLAS LACADAS
 Necesitaremos un costillar de cerdo.  En una fuente o plato hondo pon las costillas y cúbrelas con la salsa de soja, un chorrito de zumo de limón, una cucharada de pimentón, cebolleta cortada en rodajas finas y una cucharada de azúcar. Deja las costillas en la nevera y que reposen durante una noche entera en este adobo dándoles la vuelta de vez en cuando.
Cuando las vayas a preparar pon el horno a la máxima temperatura durante 15 minutos. Recomiendo usar esos moldes de un solo uso para horno de papel de aluminio pues luego es muy engorroso limpiar el caramelizado.
Pon a hornear las costillas y que se vayan cociendo unos 30 minutos. Quedarán caramelizadas, oscuras (parecen teclas de piano) y muy sabrosas.
Ya están listas para comer con los dedos. Quedan muy bien con arroz blanco, aunque quedarás como todo un as de la cocina oriental si bajas al restaurante chino de la esquina, a por una ración de pan de gambas para acompañarlas.




lunes, 25 de diciembre de 2017

UNA NAVIDAD EN CÓMIC

Mi madre ha aceptado que no tiene el cuerpo para preparar sola la cena de Nochebuena y al fín consintió en que viniera a ayudarla. Para la ocasión me traje mi cuchillo profesional de cuando era ayudante de cocinero.

"FRANCAMENTE, NO ENTIENDO ESE HUMOR MODERNO". De momento seguiré con mis viñetas para la revista MAYDAY.
Y ahora un microrrelato para dar un toque inquietante a la Navidad:
Dejamos un cuenco con galletas y un vaso de leche. "Papá Noel vendrá hambriento y fatigado" dijo mi padre. Al día siguiente corrimos alborozados a ver los regalos.

El cuenco y el vaso estaban intactos. El perro había desaparecido.

martes, 12 de diciembre de 2017

DRÁCULA EN LA COCTELERÍA

 ¡Ya tengo un cuadro colgado en Boadas, una coctelería muy popular en Barcelona! Dibujé un camarero haciendo un “Twist” (exprimir un trozo de corteza de naranja sobre el cóctel) Me decidí por el cóctel del día: Punch de ron. Juan, el barman, es una enciclopedia viviente y me informa que punch significa cinco en sánscrito, porque cinco son los ingredientes: azúcar, canela, limón, agua y ron.
 Como los niños a los que les encanta oír varias veces el mismo cuento le pido que me vuelva a contar cuando Christopher Lee -  por entonces invitado al cercano Festival de Cine Fantástico de Sitges- entró en Boadas hace diez años. Pidió un dry Martini. Se le veía apático y cansado hasta que de repente los ojos se le iluminan: ¡Montserrat Caballé acababa de entrar en Boadas! En varias entrevistas Lee había declarado que su ambición frustrada era ser  cantante de ópera. Iniciaron una amistosa charla, pidieron más martinis y un rato después -ante los atónitos clientes de Boadas- se pusieron a cantar a dúo la escena del brindis de La Traviata. ¡Argh!!! Hubiera dado gustoso dos órganos vitales por haber estado allí en aquel momento.
Y aquí el añorado Lee nos fecilita las Navidades con su rotunda voz y a ritmo de Heavy Metal:
DOS GRANDES PELÍCULAS CON GENTE MENUDA
El terror de Tiny Town (1938) es un insólito western protagonizado exclusivamente por enanos que montan poneys y vaqueros que conducen rebaños de terneras. La película fue producida por el empresario Jed Buell que además era el representante de una troupe de enanos.
El protagonista es un vaquero –Bill Curtis- que protege a una ranchera de unos temibles forajidos. El argumento no es demasiado original, pero sí lo son algunas escenas impagables como la entrada de los vaqueros en el saloon pasando por debajo de las puertas batientes.
“Forastero: si mides más de metro y medio abandona Tiny Town antes de la puesta de sol”.
BUGSY MALONE (1976)

El primer film de Alan Parker (Fama, Birdy…) Es una película musical sobre gánsteres que son niños, todos en la película –que aquí se estrenó con el penoso título de Bugsy Malone, nieto de Al Capone - son actores infantiles exclusivamente. No hay balas, sino metralletas que disparan tartas de crema. La protagonizan  Scott Baio (Happy Days) y Jodie Foster, que acababa de convertirse en estrella gracias al éxito de Taxi Driver.
“CREO QUE ESE CLIENTE AÚN NO HA TERMINADO”
Mi último gag para la revista MAYDAY está basado en un caso real. Yo estaba saboreando los famosos sesos a la mantequilla negra de Casa Martin, en Barcelona. Me quedaban tres porciones en el plato cuando un camarero pasó raudo y se me llevó el plato. No estaba dispuesto a renunciar a mis sesos (los de cordero, se entiende) y causamos sensación al entrar en la cocina, él con el plato en la mano y yo detrás picoteando.



viernes, 1 de diciembre de 2017

EL COBRADOR ZOMBI (Relato) Y RECETA

Cada varios minutos apartaba la cortina para ver si seguía ahí fuera. Finalmente apareció tambaleándose  y se detuvo frente a la puerta de mi casa. Solté la cortina, eché el cerrojo y llamé por el móvil a Bea.
-Me sigue un cadáver  -le dije en cuanto descolgó.
-¡Madre mía, Beto! –exclamó Bea-. ¿Estás seguro?
 Hace dos años hubo una plaga, los muertos vivientes caminaban arrastrando sus miembros putrefactos, luego se había puesto freno a los zombis, incluso se les mantenía controlados. Poco después a un avispado empresario se le ocurrió abrir una agencia cobradora –El cobrador zombi S.A.-, los morosos eran perseguidos noche y día por un cadáver ambulante que no cobraba sueldos, ni dormía ni se cansaba. Esta situación duraba hasta que el moroso pagaba sus deudas.
-¿Está aquí? –preguntó Bea.
Asentí. El cadáver aguardaba junto a la entrada del restaurante mirándome fijamente desde el otro lado del cristal. Cuando una pareja abrió la puerta para salir el zombi se introdujo en el local de manera tan desapercibida como una ráfaga de viento otoñal. Y mi cadáver no era el único del restaurante, otro estaba junto a la mesa de una pareja atractiva y trajeada  que contrastaba con los mugrientos harapos del zombi.
 Cuando el cadáver se detuvo junto a nuestra mesa le miré rabioso. No pestañeaba, sus ojos vidriosos nunca pestañeaban.
-No le mires- dijo Bea.
Me llevé a la boca un tortellini. Mastiqué y tragué como pude. Bea seguía comiendo como si nada, aunque observaba el cadáver con el rabillo del ojo.
-¿Debes dinero a alguien, Beto?
-A una empresa de reparaciones a domicilio cuando se estropeó la instalación eléctrica de mi piso y el administrador se desentendió –sobre la mesa y a escasos centímetros de mi plato cayó un dedo del zombi. La punta de una falange asomaba entre la carne pútrida-. Me presentaron una factura abusiva y me negué a pagar.
-¿Quieres que compartamos un postre?
Una hora después, Bea y yo estábamos tumbados en la cama fumando. No me sentía con ganas de practicar sexo. No es extraño cuando te observa desde la puerta del dormitorio un cadáver tieso como una marioneta,  con vísceras sobresaliendo por entre la piel reseca.  Había entrado por la ventana del patio de luces que no cerraba bien.
-Cariño, esto no hay quien lo soporte –resolvió Bea aplastando el cigarrillo en el cenicero- ¿Y si pedimos un préstamo al banco?
 Al día siguiente, con el cadáver que me seguía arrastrando lentamente los pies,  me presenté en la sede de El cobrador zombi. Entregué el cheque a un empleado que tecleó mis datos en su ordenador, luego una enfermera  ató una correa al cuello de mi zombi y se lo llevó dócilmente.
Al concluir del Año Fiscal la empresa El cobrador zombi era la más próspera del país. Sus directivos lo celebraron. Los zombis fueron gratificados con un aperitivo a base de refrescos y galletas saladas.
Por lo visto esos directivos no sabían lo que ocurre cuando un zombi prueba la sal. Los cadáveres recobraron parte de su inteligencia, la justa para comprender que estaban siendo explotados.
Poco después El cobrador zombi había cerrado sus puertas a cal y canto, y en los alrededores de la sede central los muertos vivientes mostraban octavillas de su nuevo sindicato:
Bueno, y ya que se ha hablado de tortellinis...
TORTELLINIS CON CREMA DE ESPINACAS
Cocer un paquete se espinacas congeladas. Escurrirlas bien y sofreír en una sartén, sazonar con sal y pimienta y añadir una copa de vino blanco. Cuando reduzca verter un brick de crema de leche. Remover y cuando se caliente -¡No dejar que hierva!- apagar el fuego y triturar la mezcla en el cuenco para la batidora. Quedará una salsa de un bonito color verde brillante como el vómito de la niña de El Exorcista (vale, debería buscar otro ejemplo) Mientras se cuecen los tortellinis en agua salada recomiendo tostar unos piñones en una sartén sin aceite. Servir los tortellinis con la salsa de espinacas y unos cuantos piñones por encima. 
Ayer hice esta receta con macarrones, le añadí unas aceitunas y tomates cherry.



martes, 21 de noviembre de 2017

EL HIDEBEHIND (Relato) Y GATO POR LIEBRE (Real)

“El Hidebehind (literalmente “El Escondedetrás”) de la fauna americana siempre está detrás de algo. Por más vueltas que dé un hombre, siempre lo tendrá detrás. Por eso nadie lo ha visto, aunque ha matado y devorado a muchos leñadores.”
(El libro de los seres imaginarios. Jorge Luis Borges )
El último vestigio de civilización en kilómetros a la redonda era una cabaña donde un anciano indio pecquod vendía provisiones. Un trampero de ojos febriles que bebía aguardiente de centeno nos advirtió a mí y a los otros tres leñadores sobre el Hidebehind:
-Yo no lo he visto; nadie lo ha visto… pero le he oído en lo más profundo del bosque. Mata… dicen que mata caballos y hombres.
Pensamos que le habían afectado las largas temporadas de soledad en las montañas.
 Pronto desapareció el primero de nosotros, fue durante la tercera noche.
Al día siguiente oímos el grito desgarrador de un compañero que estaba recogiendo leña. Un rastro de ramas quebradas nos indicó que había sido arrastrado hacia la espesura del bosque pero nadie se atrevió a aventurarse.
Foster, el barbudo escocés, opinó que debía merodear un oso por los alrededores del campamento. Encendimos una gran hoguera y hacíamos turnos de guardia, él con una enorme hacha y yo con un revólver Remington de cuando trabajé como explorador para el ejército durante las guerras indias. Varias veces estuve a punto de proponerle vigilar espalda contra espalda pero supuse que se reiría de mis temores: “Eso del Hidebehind” es un cuento para niños” –me dijo al recordarle  la historia del trampero.
Me despertó el ruido del pesado revólver al caer al suelo. Me había vencido el sueño. Junto al linde del bosque había un hacha. Ni rastro alguno de Foster.
Llevo dos días sin comer ni dormir dándole la espalda a la hoguera para que el Hidebehind no me sorprenda por detrás. La leña se está terminando y el crujido del fuego ha dejado paso al chisporroteo de las brasas.  Percibo una presencia acechante, la sensación es tan viva que incluso me parece notar un aliento nauseabundo y malsano en la nuca.
  Agarro con firmeza el revólver y en dos saltos me sitúo frente a un enorme roble. Giro sobre mí mismo y me dirijo de espaldas hacia el árbol pero no consigo apoyarme en el tronco. Unas garras afiladas clavándose alrededor de mi cuello me confirman que  tengo al Hidebehind atrapado entre mi espalda y el roble. Sitúo el arma  sobre mi hombro derecho  con el cañón apuntando hacia atrás y disparo.
Al volverme en un movimiento súbito veo al Hidebehind aullando de dolor con una herida que borbotea  sangre oscura.  Aún estoy paralizado cuando me destroza la garganta de un zarpazo. Caigo hacia atrás y veo al monstruo correr entre los árboles mientras me envuelven tinieblas.
Semanas más tarde un grupo de cazadores encuentran mis restos. Uno de ellos coge mi revólver y se lo cuelga en el cinto. Cuando se van les grito que miren a sus espaldas, hacia un rastro de sangre –sangre negra y maloliente que hasta los insectos evitan- que se confunde en el interior del bosque; pero es sabido que a los muertos nadie puede oírles.
 Además,  los cazadores siempre están ojeando posibles presas y suelen miran hacia adelante. Casi nunca… detrás.
FIN
MIS CUATRO DIAS DE ANGUSTIA
Martes, 13 de junio 2017
 Mi amigo Ivo el fotógrafo –ya he hablado de él más de una vez en el blog- fuimos una tarde a comer una tapa de callos en un bar donde recordábamos que los hacían buenos. Parecía el mismo lugar de siempre pero ahora estaba regentado por una familia oriental. “Bueno –pensé-, puede que sigan cocinando bien los callos”. Nos sirvieron algo rarísimo. La carne estaba cortada en tiras finas nadando en una salsa con inexplicables cartílagos y garbanzos insípidos del tamaño de balines, ni rastro de chorizo ni picante. Lo probamos. Horrible. Ivo me sujeta la mano donde tengo la cuchara.
-¡No te lo comas, Miquel! Creo que es carne de gato.
-¿Qué dices?!!! ¿Es que has comido gato? –Ivo asiente:
-En la guerra de Yugoslavia, ya sabes que estuve de reportero cuando el asedio de Sarajevo en el 93. Por entonces no quedaba ni un gato callejero. El sabor, la textura… Gato -Ivo coge de su bolsa de viaje  un pequeño tupper de plástico donde suele guardar las diapos y echa dos cucharadas de bazofia dentro -. Conozco a un analista que trabaja en Sanidad. Llevará esto a analizar a un laboratorio y como nos hayan dado de comer gato les caerá un buen paquete.
 En la barra dijimos que aquellos callos –o lo que fuera- eran incomibles y que sólo pagaríamos las dos copas de vino infame que nos habíamos bebido mientras los ojos oblicuos del camarero nos miraban con indiferencia.
Miércoles, 15 de junio 2017
“En tres días me darán el informe”, me había dicho Ivo. Mientras tanto observaba con aprensión a mi gato Jabber. Me parecía leer en sus ojos “Canibal” cuando me miraba.
Viernes, 17 de junio 2017
Por fin apareció el número de Ivo en la pantalla de mi móvil.
-Miquel, la buena noticia es que NO es gato. Tampoco es perro y desde luego no es ternera,  y han descartado la carne humana –Ivo hizo una pausa lúgubre-. La mala noticia es que no tienen claro qué tipo de carne es. Creo que es mejor no preguntar más.
Desde ahora sólo comeré los callos que me preparo en casa. Mirad qué buena pinta tienen con su guindilla, chorizo, morcilla y vino blanco.



jueves, 9 de noviembre de 2017

CINCO DÍAS DE ESPANTO

El spot me salió en Youtube, mientras se cargaba el video principal.
No salió lo de Podrá saltarse el anuncio en…  Duraba 20 segundos, primero, un texto: “Help for Haiti” bajo el logotipo de una conocida ONG. Esperaba las inevitables imágenes de gente desnutrida vagando entre los escombros tras el paso del Huracan Matthew, pero en su lugar apareció un palacete desconchado del periodo colonial francés. La cámara penetró por un pasillo con grietas llenas de musgo y al fondo un niño con rastas sentado en una silla.
Su tez muy oscura parecía iluminada por una sonrisa pero al acercarse el objetivo vi que estaba haciendo muecas, no sonriendo, y que sus ojos parecían carbones encendidos entre su piel negra. Tenía un muñeco en la mano; un muñeco vudú. Acercó una aguja hacia su deshilachada cabeza.
 Bruscamente acabó el spot y tuve un sobresalto cuando al mismo tiempo sonó el teléfono. Al otro lado de la línea una voz infantil dijo:
-Cinco días.
-¿Qué…? –dije, pero ya había colgado.
Dejé pasar cuatro días que se me hicieron interminables y en los que evitaba prudentemente las pantallas y el ordenador.
Al quinto día acudí a la ONG y destiné cien euros para Haití. No pude contenerme y dije a la voluntaria que atendía el mostrador:
-Esa campaña suya tiene muy poco de ético. Usan amenazas.
-“Cinco días” no es una amenaza –replicó.
Pero si no llego a dar… -titubeé- tampoco habría pasado nada, ¿no?
-Vaya a saber –dijo ella encogiéndose de hombros-. Los niños muertos pueden ser temibles.

FIN
MÁS ESPANTOS
Jaume, mi agente para los dibujos, vino a comer hace unos días a mi piso. Mientras troceaba un salmonete dejando al descubierto sus espinas  me contó una extraña historia que le pasó hace unos días en el metro. Jaume tiene tendencia a que le sucedan cosas poco corrientes:
“En la estación de Drassanes se sentó frente a mí un africano que llevaba un enorme fardo atado con cuerdas. Ya sabes, uno de esos vendedores de top manta del puerto. Impresionaba, nunca había visto a nadie de piel tan negra, casi púrpura, con tatuajes cicatrizados a ambos lados de la cara y un curioso collar de huesecillos; sin embargo era él quien me miraba fijamente. Empecé a ponerme nervioso, no porque me sintiera amenazado, es que me contemplaba con una especie de temor sagrado, como si hubiera visto a uno de sus dioses más malignos o qué sé yo.

 “Empezó a sudar, se le veía aterrorizado pero seguía sin apartar sus ojos de mi cara. Estaba a punto de levantarme para cambiar de vagón cuando me fijé que a sus pies se estaba formando un pequeño lago ¡Se estaba meando encima, Miquel!”
¡Joeeer! –exclamé.
“Por fin el metro se detuvo –prosiguió Jaume-, hizo unos extraños signos a un palmo de mis narices, supongo que era una especie de conjuro, se cargó el fardo a la espalda y salió del vagón a toda prisa como si le persiguieran todos los demonios africanos”.
Hice una mueca, no por la historia sino porque sentí que una espina puntiaguda acuchillaba mi boca. No había espina, desde que de niño me clavé una en el paladar comiendo salmonetes siento un pinchazo imaginario al comerlos. ¿Reflejos de Pavlov?
-Vaya historia, Jaume. Oye, si no te importa creo que la pondré en mi blog.
LA COLADA DE MIS VECINOS
Está claro cual es el color preferido de mis vecinos. ¿Serán la Família Addams?